Un año después

Feliz 2017

Acaba el año 2016 y recuerdo las reflexiones que me hacía a finales de 2015. Por mi parte, un año después, te podría decir que ha habido de todo: acontecimientos agradables y otros, no tanto…

El año pasado decidí ser más yo y dejar que la creatividad que llevaba dentro fluyera y así ha sido…

Me propuse ahondar más en mí y reconducir mis pensamientos cada día en la dirección que yo deseaba para que mi realidad diaria se inundara de tranquilidad, equilibrio y paz y te puedo decir, que la mayoría del tiempo, lo he conseguido.

Ha habido acontecimientos difíciles, momentos en los que la alegría no era dueña de mis días, pero los he superado observándolos, aceptándolos y siendo consciente de que forman parte de la vida. El hecho de superarlos y poder mostrar al mundo uno de los dones que se me otorgaron: la sonrisa, me ha hecho sentirme mejor y mejor.

Ayer vi una película que te recomiendo para empezar el año: «La belleza oculta» de Will Smith y otros grandes actores. Su mensaje es hermoso: descubrir la belleza en cada una de las cosas que nos acontecen, sean buenas o malas…Te aconsejo que la veas, es de lo mejor que he visto nunca.

Te propongo que empieces el año con alegría y con agradecimiento a la vida por este regalo, que es poder vivirla.

Yo agradezco desde aquí que estés al otro lado, que crezcas, que disfrutes de ti mism@ y de que seas feliz.

Ahora te dejo con un texto que ha escrito mi sobrino Christian de 17 años sobre «El Tiempo». En el último post del año pasado ya nos regaló sus reflexiones y palabras. Lo he leído con una melodía de fondo de Hans Zimmer «Time» (compositor en el que he encontrado grandes momentos de inspiración para escribir) y es fascinante: https://www.youtube.com/watch?v=U5IailIzqdc

TIEMPO

A menudo yo también suelo pensar en el tiempo. En el pasado, el presente, el futuro… en lo deprisa que pasa… y en lo despacio que parece hacerlo otras muchas veces. Eso es algo que siempre me ha fascinado en especial; cómo algunos minutos, o incluso horas, pueden llegar a ser tan irrisorias, y cómo meros segundos duran un tiempo ilimitado. Más tarde lo recuerdas… y ya está. Ha pasado. Pero en aquel momento estabas ahí, y lo sentías tan intensamente que casi parecía que toda tu vida se reducía a ese momento infinito, como quien está encerrado entre cuatro paredes a oscuras y alarga una mano muy, muy lentamente. Mientras la mano avanza sin tocar el frío borde eres capaz de fingir que podrá seguir avanzando para siempre, que has dejado de estar entre esas cuatro paredes. Todo eso en unos pocos segundos eternos, pero un simple descuido y la ilusión se desvanece.

Deberíamos disfrutar más del presente, mucha gente lo dice, es cierto pero no fácil. Trato de hacerlo siempre que soy consciente, pero pocas veces lo soy, ahí reside la dificultad. Y hay un momento en mi día a día corriente en el que eso me ocurre con mayor frecuencia. Después de una mañana aburrida y cansada llego en el bus. Comienzo a subir la inclinada calle que conduce a mi casa con la mochila a cuestas y sé qué va a pasar. Sé cómo subiré las escaleras pesadamente, comeré viendo algún vídeo, me echaré una siesta, me ducharé, haré lo que sea que toque ese día, o no haré nada, cenaré y me acostaré. Sé lo que voy a hacer, y sé lo que he hecho, cómo he ido al instituto y me han machacado el cerebro con datos y ruido, hay momentos buenos y momentos malos, es cierto, mucha gente lo dice pero no es fácil. Cuando lo miro de esa forma todo parece un conjunto aburrido. Pero una vez más, en ese instante no, en ese instante ya no estoy allí pero tampoco he entrado en casa, y mis pisadas notan el suelo, y la cara el frío viento. Si te fijas en los colores son más nítidos, el verde de las hojas, el azul del cielo. El reflejo de un rayo de sol en el retrovisor de un coche. Dos niñas que vuelven juntas del cole, y puedo oír lo que dicen; sé que su día ha sido prácticamente el mismo que el mío, y sin embargo, yo lo he vivido de una forma muy distinta.

Solo cuando soy plenamente consciente del momento, soy capaz de disfrutarlo absolutamente. Y todo lo que he vivido converge en él de repente.

Si pudiera vivir así cada segundo de mi vida…

Otros días me cabreo, me enfado con la pesada de mi madre, los gritos de mis compañeros me tocan especialmente los cojones y me lo callo. Y me duele la cabeza. Y soy una hormiga más en una riada de cuerpos que no van a ningún mar.

Otros días estoy contento, ayudo a sujetar la puerta y dejo que pase la gente en la cola del bus, que cojan mi asiento, se lo merecen, seguro que están más cansados, yo he tenido un buen día. Buenos días en los que doy las buenas noches a mi madre.

Otros días solo pienso en días que no sean ese, días como este. Pienso en esos momentos que se alargaban de hace tiempo. Y mientras lo hago se me olvida pensar y fijarme en que en ese instante me toca subir la inclinada cuesta de mi calle.

«El tiempo es la imagen de la eternidad en movimiento.»  -Platón (427-347 a.C.)

¡Feliz 2017!

 

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