Las estrellas, aquellos bellos luceros que hablaban por sí solos, Irina se había pasado cuarenta años de su vida buscando aquí y allí una meta para el futuro.
Cuando el futuro abría sus alas al presente volvía a imponerse una nueva meta.
Su vida se había convertido en una carrera de objetivos y en el momento en el que alcanzaba uno de ellos sentía vacío.
Huía de aquel vacío desesperadamente, se autoimponía y se olvidaba de sí misma. Todo era como una rueda que daba vueltas y más vueltas sin parar.
A pesar de todo, observó el cielo con ojos agradecidos porque estaba viva.
Entonces, una de las estrellas abrió sus brazos hacia ella y le dijo:
«En el vacío está la respuesta, no huyas de él, puesto que todo es vacío. Cuando encuentres su lucidez, te sentirás a ti misma y serás feliz, ríndete al silencio, a no saber, a fluir, a tu pasión, a lo desconocido, a los milagros y ama el momento presente.»
Puedes escuchar este relato con música, te encantará 🙂

