Dedicado a todos los padres

 

Con este artículo, como hija que soy, quisiera dar un homenaje a todos los padres y, especialmente, al mío. Hace unas semanas vi una película muy bonita del gran actor Russel Crowe que se titula «De padres a hijas» y me hizo reflexionar sobre la relación tan especial que existe entre los padres y las hijas.

Llevo tiempo queriendo transmitir estas reflexiones…

Con esto no quiero en absoluto dejar de lado a las madres, quienes merecen con creces otra dedicatoria, porque como dice el dicho popular: «Madre no hay más que una», pero como ellas también son hijas, sé que me entenderán.

«Querido papá:

Cuando era pequeña fuiste mi guía frente a la vida, tú eras la persona que me empujaba a dar pasos de gigante, a salir fuera a decirle al mundo que no existe el miedo y que las experiencias hay que vivirlas.

Intentaste con todo tu ser que fuera independiente, lanzándome desde los brazos del cariño al mundo exterior, para que encontrase estabilidad y aprendiese todo lo que necesitase.

Me decías que yo era como un pajarillo que necesitaba volar y así ha sido…

Cuando enfermaba te faltaba tiempo para salir corriendo conmigo en brazos y buscar ayuda. Contigo sentí seguridad, apoyo y amor.

Has sido el espejo masculino de mi vida y con tus virtudes y tus defectos he aprendido la grandeza que llevas en tu corazón.

En los momentos más difíciles nos has hecho reír, parecía que una fuerza innata resurgía de ti para aplacar las tempestades más salvajes.

Siempre has estado ahí, para cualquier situación, fuera buena o mala.

Me has enseñado a apreciar los viajes, las diferentes culturas, a querer degustar el mundo con mis propios sentidos.

Te has emocionado con cada uno de nuestros éxitos, has bailado, reído, disfrutado e incluso cuando has protestado he sabido ver que eres el gran ser humano que eres.

Créeme, la vida sin ti hubiera sido muy diferente y no hubiera llegado a ser mi mejor versión si no hubiera tenido un padre como tú.

Desde aquí mi agradecimiento a la vida y hacia ti.

Puedo ver, aún en la distancia, tus bellos ojitos verdes emocionados.

Te quiero mucho, ahora y siempre.»

No es la carne y la sangre, sino el corazón, lo que nos hace padres e hijos.- Friedrich Schiller

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