Dependencia emocional-primera parte

Cuando una persona consigue ser psicológicamente independiente está libre de toda relación obligatoria, es decir, es libre de la obligación de hacer algo, que si no existiera una relación determinada, no haría.

Nuestra sociedad nos enseña que respecto a ciertas relaciones, sea con nuestros padres, hijos, seres queridos o figuras de autoridad, debemos cumplir con lo que se espera de nosotros.

¿Cómo identificas que dependes emocionalmente de una relación?

Dependes emocionalmente de una relación si te sientes obligado a ser algo que no quieres ser y te causa malestar o te sientes forzado a comportarte de una determinada manera. Sin embargo, si disfrutas de tu manera de interactuar con alguna persona en especial y esta no interfiere con los propósitos que te has propuesto en la vida, entonces no vale la pena cambiarla, ya que la libre elección inspira amor e independencia.

El que te hagas independiente de cualquier relación significa convertirte en ti mismo, en lo que en realidad eres, viviendo en cada momento y escogiendo los comportamientos que tú eliges y deseas, ya que, de lo contrario, si necesitas una relación o te sientes obligado a tenerla y luego te molesta y resiente, comienza en ti la autofrustración. Esa obligación es lo que constituye el problema, mucho más que la relación en sí, ya que engendra culpa y dependencia, además de provocar indignación y rencores.

Ser psicológicamente independiente implica no necesitar a los demás. Esto no significa no tener relaciones con otros sino no tener necesidad, ya que te vuelves vulnerable y si esa persona en cuestión te deja, o se muere, te desmoronarás, o caerás en una gran depresión.

Para eliminar la dependencia hay que empezar por la familia, por la forma en que tus padres te trataron cuando eras pequeño y en la que ahora tratas tú a tus hijos:

¿Trataron tus padres de manipularte para que los visitaras alternativamente un domingo sí y otro no? ¿Te acusaron alguna vez diciéndote que eras un desagradecido? ¿Te amenazaron con tener un colapso nervioso si los desilusionabas en lo que ellos esperaban de ti?¿Haces alguna de estas cosas con tus hijos?

Si deseas que tus hijos sean independientes y libres psicológicamente ¡déjalos! No des pié a que te domine la necesidad de poseer y de vivir tu vida a través de ellos. El propósito de educar a un niño no debe confundirse con el hecho de educarle para aferrarse a él.

¿Te gustaría que tus hijos tuvieran muy buena opinión y mucha confianza en sí mismos?

Pues lo que puedes hacer para ayudarles es ser así tú mismo. Recuerda que los niños aprenden sus comportamientos de los modelos que tienen ante sí. Si tú no te sientes realizado y estás lleno de culpa pero les dices que ellos sean lo contrario, les estás vendiendo algo que no se van a creer. Ellos adoptarán por sí mismos la misma actitud.

Y lo más importante: si haces que tus hijos sean más importantes que tú mismo, no los ayudas, simplemente les estás enseñando a poner a los demás delante de ellos mismos y a quedarse en el asiento de atrás insatisfechos y sin lograr realizarse.

Si tú eres de los que se sacrifican, les presentas un modelo de comportamiento sacrificado, es decir, no quererse a sí mismos, anteponer a los demás, no gustarse, buscar continuamente aprobación, etc.

El deseo de un hijo o una hija de abandonar el nido es muy grande, pero se puede convertir en una crisis, en vez de en una consecuencia natural de una vida eficiente y positiva, cuando la posesión y el sacrificio han sido los lubricantes que hacían marchar la máquina familiar.

Cuando la culpa y el miedo a desilusionar a los padres marcan el hecho de abandonar el nido, estos sentimientos siguen influyendo en la gente durante toda la vida, hasta tal punto que a veces la relación matrimonial se convierte en una relación filial, más que en una relación en la que dos individuos comparten una vida en condiciones iguales.

RASGOS DE LAS FAMILIAS DIRIGIDAS A LA INDEPENDENCIA

  1. En las familias dirigidas a la independencia, los impulsos dirigidos hacia la autonomía y el ser uno mismo son considerados normales y no un desafío a la autoridad de uno de sus miembros.
  2. No se hace hincapié en la necesidad de los demás ni en el aferrarse a ellos. Igualmente, tampoco se exige la eterna lealtad del niño a su familia simplemente por pertenecer a ella. De esta actitud resultan las familias que les gusta reunirse en vez de sentir la obligación de hacerlo.
  3. Existe también un respeto por la intimidad de los demás más que una exigencia de compartirlo todo. En familias como esta, la esposa tiene una vida propia aparte de la de esposa y madre. Es así un modelo positivo para sus hijos en vez de vivir su vida para ellos y a través de ellos. Los padres sienten que su propia vida es de una importancia capital porque sin ella no puede haber armonía familiar.
  4. Los padres se ausentan ocasionalmente sin sentirse obligados a estar siempre para sus hijos. La madre no es una esclava porque no quiere que sus propios hijos (especialmente las niñas) se conviertan en esclavos. No siente que ella tiene que estar allí todo el tiempo para atender a todas las necesidades de sus niños. Piensa que puede apreciar a sus hijos y viceversa tanto o más cuando ella se está realizando y contribuyendo a la vida de su familia, de su comunidad y de su cultura en un pie de igualdad con el hombre en este mundo.
  5. En este tipo de familia no existen manipulaciones sutiles por medio de la culpa o amenazas para mantener a los hijos dependientes y bajo la responsabilidad de los padres.
  6. Cuando los hijos crecen, los padres no quieren que los visiten por obligación. Además, los padres están demasiado ocupados en sus propias cosas para pasarse la vida esperando que sus hijos o nietos aparezcan para darles una razón de vivir. Los padres como estos no creen que deben ahorrarles a sus hijos los sinsabores y dificultades que pasaron ellos, porque reconocen que el hecho mismo de trabajar para sobreponerse a las dificultades fue lo que les dio confianza en sí mismos y la estima correspondiente. No desean privar a sus hijos de experiencias tan importantes.

De ti depende el hacer que el abandono del nido sea un hecho natural y normal, o un suceso cargado de traumas que marcarán al hijo y a la relación con él para siempre.

“La madre no es una persona que sirve de apoyo, sino una persona que hace innecesario el apoyo” Dorothy Canfield Fisher

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