Marta sentada cabizbaja en casa escuchó cómo la puerta se abría de par en par.

– Disculpa, ¿quién eres?

– Soy el miedo y en tu casa, que es tu cuerpo, me vengo a instalar y, por fin, en forma de virus, he conseguido que me abras la puerta de tu dulce morada. Gran parte de la humanidad me cedió la entrada y allí me regocijo con pleitesía de toda la ciudadanía.

– No, no te doy permiso para instalarte en mi cuerpo. No te doy permiso para que me quites el sueño, ni para que de mí te hagas dueño. Lo único que permito instalarse en mi ser es al maravilloso virus de la paz, el que siento en el silencio, el que siento en el corazón, el que da sentido al amor, a la dicha y a mi única verdad. Así que no vuelvas porque no te doy permiso.

Y así, desapareció el miedo de Marta. Ella tuvo el coraje de cerrarle la puerta. 

Ahora es tu oportunidad. ¡Ciérrasela tú también! ¡Abraza la luz que eres!

Puedes escuchar este relato con música, te encantará 🙂

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