En la tribu de los Masai, los guerreros más hábiles cazando leones se habían convertido en sus propios guardianes.

En la nueva era había que proteger a estos hermosos felinos antes de que se extinguieran completamente. 

Hassir, cuyo nombre significaba «coraje»era un joven que optaba al puesto de protector de leones, pero para ello, debía superar una gran prueba: tenía que correr más rápido que el león, ponerse delante, quedarse inmóvil y mirarle directamente a los ojos. Si el león no le atacaba, sería un elegido.

Llegó el día de la gran prueba, todos reunidos danzaban celebrando la gran superación que los jóvenes iban a enfrentar.

El rugido del león marcó el turno de salida, pero algunos no superaron la prueba. Por mucho que corrían el león les alcanzaba. 

Entonces, llegó el turno de Hassir: comenzó a correr, corría y corría. Parecía sentir su aliento muy cerca. Las piernas le flaqueaban. Toda la tribu bailaba en su honor y él seguía corriendo, pero entonces, tropezó con una piedra y cayó al suelo, se dió la vuelta y pudo ver los ojos verdes del león acercándose.

Se levantó mirándole fijamente a los ojos y recordó las palabras que le había dicho una vez su padre: «El león es como la vida, si la amas y la afrontas con coraje y fe, nada te impedirá superar cualquier prueba que se te eche encima».

Hassir se llenó de paz, le miró fijamente a los ojos y … Fue elegido.

Puedes escuchar este relato con música, te encantará 🙂

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *