La historia de Agra

 

Habréis escuchado alguna vez que «uno no se da cuenta de lo que tiene hasta que lo ha perdido», por eso, esta semana quiero animaros a que seáis conscientes de todo lo que tenéis y regalaros una historia que he creado:

Agra era un jóven que había tenido siempre una candidez innata, sus ojos de un marrón aterciopelado expresaban alegría ante cualquier situación. Vivía en un pintoresco pueblo de una pequeña isla, donde lo «normal» para sus habitantes era fijar su atención en todo aquello que les faltaba y no en lo que tenían. A consecuencia de ello, todos los autóctonos vivían en un mundo de precariedad, arrojados en la desolación, en tristezas inventadas, en ansiedades por ellos mismos creadas, en cosas externas codiciadas.

Todos los años se hacía un concurso de «sueños» donde los aspirantes, adolescentes de 15 años de edad, tenían que averiguar, hablar e imitar a alguien famoso en la historia que hubiera conseguido ser dueño de una gran cantidad de objetos materiales valiosos a lo largo de su vida; el que consiguiera mencionar al máximo poseedor de bienes del mundo se llevaría como premio: ser el más alabado, envidiado y vitoreado del pueblo, su fotografía colgaría en las fachadas de las casas y su nombre se escribiría en un «Libro sagrado» para siempre.

Agra no encontraba sentido alguno a aquel concurso, él no tenía intención de fijarse como sueño «imitar al mayor poseedor de bienes materiales en la tierra». ¿Por qué habría de hacerlo? ¿Qué pasaba con la admiración que sentía al ver la sonrisa de un niño; el cantar de los pájaros; la luz solar de cada día; contemplar las estrellas cada noche; el sonido del mar…? ¿Por qué nadie se daba cuenta de todo aquello?. Pero si no se presentaba al concurso sería repudiado por todos, una vergüenza para su familia, no tenía otra opción…

El día del concurso llegó, en el centro de la plaza del pueblo había un estrado de madera por el que cada uno de los concursantes debía pasar y manifestar su ideal. Uno tras otro fue exponiendo su personaje a imitar, grandes nombres se mencionaban, toda clase de bienes se imaginaban, todo el pueblo los aclamaba. Tras una veintena de aspirantes llegó el turno de Agra. La pregunta del Juez repiqueteó terriblemente en sus oídos:

 —Y, bien, Agra ¿Quién decides ser?

Agra no sabía qué hacer, pero su interior no le dejaba ir en contra de lo que sentía:

—Decido ser Agra—contestó con voz imponente.

Todo el pueblo comenzó a abuchearle, risas sarcásticas se escuchaban por todas partes. Su mejilla no pudo contener una lágrima de dolor, pero, a pesar de ello, continuó repitiendo:

—Decido ser Agra, decido ser Agra….Adoro tener los padres que tengo, caminar por el pueblo donde he elegido nacer y vivir; me gusta observar el germinar de las flores; el vuelo de los pájaros, las olas rompiendo en la costa; el color de cada una de las puestas de Sol. Decido ser Agra…poderme mover con mis propias piernas; ser capaz de observar y admirar las pequeñas y grandes cosas; sonreíros a cada uno de vosotros; inspirarme con la naturaleza; sentirme vivo; saber quién soy y adónde voy…sé que soy Agra y Agra decido ser.

Todos los corazones de aquella plaza habían sido tocados por las palabras de Agra; todos ellos comenzaron a fijarse en lo que había a su alrededor; unos lloraban; otros, sonreían. Era como si una varita mágica les hubiera hecho despertar ante otra realidad. De repente, uno de ellos, gritó:

—Decido ser Agra, Agra decido, decido ser Agra, Agra decido…..Uno tras otro se fue uniendo a la ovación, todos comenzaron a repetir lo mismo, un estruendo de voces llenó la plaza.

Desde ese día el único personaje, cuyo nombre constó en el «Libro Sagrado» fue: «Agradecido»; el concurso nunca más se volvió a celebrar; el fuerte cimiento que Agra creó en sus corazones formó en todos ellos el lazo del «Agradecimiento»; y cada atardecer cuando el Sol se ponía en el pueblo los habitantes se reunían para «Agradecer» los grandes regalos que les había dado la vida.

Y tú, ¿quién decides ser?….

No olvides ser AGRADECIDO: «el que agracede el alma engrandece».

¡Gracias por leerme cada semana y por estar ahí!

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