Ganar tolerancia a la frustración

 

Esta semana quiero compartir con todos vosotros los puntos clave que tratamos en la última Tertulia que mantuvimos en Palma sobre el Libro de Rafael Santandreu: “El arte de no amargarse la vida”.

Es una síntesis, que os ayudará a comenzar a trabajar un tema cotidiano en nuestras vidas, como es, la frustración y la queja.

“Tener tolerancia a la frustración es una de las habilidades esenciales de las personas. La tolerancia a la frustración nos permite disfrutar más de la vida, ya que no perdemos el tiempo amargándonos por las cosas que no funcionan. Aunque sea una habilidad que principalmente se adquiere en la infancia, también se puede aprender. Como siempre, la clave estará en cambiar nuestra manera de pensar.

A lo largo de nuestra vida, todos tendremos que asumir un montón de incomodidades y pequeñas adversidades. Según un reciente estudio, las personas nos topamos diariamente con veintitrés frustraciones: hay un atasco de tráfico, se nos quema la comida, el jefe nos pega un rapapolvo inmerecido, el niño trae una nota del profesor por mal comportamiento… En toda una vida, eso hace un total de unas veinte mil adversidades.

Pero la buena noticia es que, prácticamente, ninguno de estos problemas es realmente relevante. En verdad, todos esos miles de inconvenientes no tienen poder para amargarnos la vida, a no ser que se lo otorguemos.

¡Aceptémoslo lo antes posible! ¿Nos damos cuenta de que encerrarse en casa para evitar posibles desgracias es la manera más eficaz de llegar a ser un desgraciado?

Lo bueno del asunto es que, en la gran mayoría de los casos, se trata solo de pequeñas incomodidades sin trascendencia. En realidad, ¡seguimos teniendo todo lo necesario para la felicidad!

DEJAR DE SER UN CASCARRABIAS

Cuando el autobús va abarrotado, nos ponemos de mal humor; un dependiente nos responde mal en una tienda y nos indignamos; la compañía telefónica no nos atiende la reclamación y nos enfurecemos… «¡Leche, qué día de perros!», nos decimos agriamente. ¡Atención! ¡Mucho cuidado!, porque las quejas cotidianas tienen una cualidad especial: tienden a convertirse en hábito.

Todos los cascarrabias tuvieron un pasado. De jóvenes, seguro que eran personas deliciosas.

Pero en un momento dado de sus vidas, empezaron a quejarse. El cascarrabias permitió, poco a poco, que el hábito nocivo de la queja empezase a invadir su mente. Cuando quiso dar marcha atrás, era demasiado tarde: «¡Ya todo es una m…!».

El primer paso será, aceptar los problemas de antemano. El segundo, darse cuenta de que esos inconvenientes no son relevantes para la felicidad. Y, tercero, focalizar la atención en las maravillas que aún tenemos a nuestro alcance.

ACEPTAR NO ES CONFORMARSE

Alguien se puede preguntar si aceptar todo lo que nos pase es conformismo, ¿no hay que luchar por las metas y objetivos? Y la respuesta la encontramos en un antiguo proverbio budista que dice: «En verano hace calor y en invierno, frío».

El adagio nos dice que hay cosas que debemos aceptar porque son más grandes que nosotros mismos. Hay hechos controlables pero también muchas eventualidades que simplemente suceden. Nosotros, mientras tanto, podemos poner las bases para que algunas cosas sucedan, pero también debemos esperar una buena dosis de imprevistos y frustraciones.

Generalmente, si trabajamos para que los demás nos respeten, si somos amables con todo el mundo, la mayor parte de las veces obtendremos el mismo trato por parte de los demás. Pero no siempre.

Poner la bases para conseguir nuestros objetivos es saludar a las personas cuando nos cruzamos con ellas, poner en marcha proyectos ilusionantes, organizar encuentros románticos con la persona amada…, y si las aguas se desbordan y no nos devuelven el saludo, aparecen dificultades en nuestra nueva empresa o el sexo hoy no resulta, sonreírle a la vida y continuar con nuestros planes, la amistad, la realización personal y el sexo pleno llegarán de manera natural, tarde o temprano, porque ésas son las metas hacia las que discurre la vida, si no nos empeñamos en modificarla.

Mientras nos lamentamos, dejamos de apreciar las cosas bellas de la vida y las oportunidades que tenemos de pasarlo bien”.

 La vida es bonita

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