Feliz Año 2016

Comencé el año 2015 marcándome varias expectativas, deseaba algo nuevo en mi vida y así ha sido: me sujeté a las alas de mi primer amor, la escritura, y junto a él, he recorrido cada semana lugares recónditos de todos vuestros corazones y he podido impregnar con mi energía vuestros pensamientos; las circunstancias de la vida me han hecho volver a estar sola para reencontrarme y darme cuenta de que no estamos solos, cada día he sentido más y más esa conexión con todo lo que soy, con todos y con el TODO; he logrado escucharme y recordar quién soy y para qué estoy aquí; las circunstancias familiares y de mis amistades más queridas han estado llenas de altibajos, problemas y miedos, pero he aprendido sola y desde la distancia, a observar y aceptar que las experiencias que han pasado todos ellos, solo son para que trasciendan y se hagan más grandes de lo que ya son. Aprendizaje que me ha llevado a confiar en la vida, en su perfección y en su luz.

No he logrado tocar con mis dedos todas aquellas expectativas que me había propuesto sino que he conseguido realizarme en otras que de verdad me correspondía: las del interior, las que cuestan esfuerzo anímico, de control, de equilibrio. He aprendido que el poder está en nosotros, en nuestra mente y que vivimos y experimentamos lo que necesitamos vivir. Lo importante es el aprendizaje que sacamos de todas y cada una de nuestras experiencias.

El año 2016 viene lleno de buena energía, está en todos nosotros el vibrar y elegir bailar a su son.

Como regalo de fin de año os traigo algo precioso: la reflexión de mi sobrino Christian de 16 años sobre su año 2015. Una persona joven, un chico de la denominada «generación cristal», que ha venido a traer mucha luz al mundo:

«Despido este 2015 con intención de resumirlo y sintetizar las ideas más importantes con las que me quedo, sin embargo es todo un reto porque si algo ha caracterizado este 2015 para mí, han sido los cambios. Cambios a gran escala, cambios en mi entorno y, en lo que me gustaría centrarme, cambios internos. Debería comenzar con el hecho de que he cumplido dieciséis años, así que es normal que haya evolucionado tanto en tan poco tiempo, se supone que estoy en la edad. Pero curiosamente, mientras todo a mi alrededor se contorsionaba y removía hasta encontrarse al límite de un precipicio…yo seguía tranquilo. Para mí era lo normal, pero he descubierto que no le sucede así a todo el mundo. Y es que al parecer no todo el mundo sabe que tiene elección, que por mucho que cambie todo a su alrededor él mismo tiene la última palabra y puede decidir cómo tomárselo. Pero para eso hay que estar bien equilibrado, y para ello es necesaria la tristeza de la que parece que tanto huimos. He estado triste, lo reconozco, he llegado a saborear mis propias lágrimas como nunca lo había hecho, y estoy contento por ello. Es más, probablemente ahora no estaría tan contento ni feliz de no haberlo hecho. Lo mejor es que no considero haber sufrido y es que tristeza y sufrimiento no son en absoluto lo mismo. He estado triste pero seguía tranquilo. No he experimentado la ansiedad, ni el agobio y espero no hacerlo. Había días en los que no tenía ganas de nada excepto pensar, dormir y quizá llorar, pero en el fondo de todo no me sentía mal. Y cuando esos días pasaron estaba mucho mejor que antes de que llegaran.

El 2015 ha sido un año también de muchas enseñanzas, unidas a esos cambios claro está. He descubierto que el amor no es como en Disney, nosotros mismos también podemos decidir. No consiste únicamente en encontrar a una persona que te gusta porque sí, ponerla por encima incluso de ti mismo y dejarte llevar. Pienso que es importante conocerla primero, llegar a conocerla de verdad. Y nadie nunca debe estar por encima de nosotros. Nuestro bienestar debe ser lo primero. Eso no quiere decir ni mucho menos que no haya que pensar en los demás, pero una relación sirve para mejorar nuestras vidas, no para perjudicarnos. No queremos más por hacer más sacrificios. Por eso es tan complicado encontrar a la persona correcta, pero por otro lado, si sale todo mal, es porque no era ella.

Esa ha sido la enseñanza más importante que sin duda he recibido este año, la que creo que marca una diferencia entre niñez y madurez. Aprender a renunciar, a personas y a ideas. Ya no solo por uno mismo, también por respeto hacia la otra persona si no te corresponde. De pequeño te enseñan que con esfuerzo podemos llegar a conseguir cualquier cosa que nos propongamos y nosotros lo interpretamos erróneamente y de forma egoísta. Si no conseguimos lo que queremos lloramos, gritamos y berreamos hasta conseguirlo, lo peor es que en el proceso sufrimos…y si no lo conseguimos, más sufrimos. No vamos a conseguir TODO lo que deseemos, conseguiremos lo que de verdad queramos, pero conseguir TODO es físicamente imposible. Por eso es importante analizarse a uno mismo y descubrir lo que de verdad quiere, ELEGIR. El problema es que cada elección conlleva siempre una renuncia, y eso nos cuesta muchísimo. Así que a menudo no escogemos y nos quedamos atascados en el pasado, sin poder seguir evolucionando ni avanzando. No creo que haya nada peor que eso. Este año he escogido, vaya si he escogido, y habré escogido mejor o peor pero he sido yo el que ha escogido. Encontrándome ahora en un punto en el que tengo lo que quiero, y no me refiero únicamente a objetos materiales ni mucho menos, porque escogí. Y renuncié.»

«No es lo que te ocurre, sino cómo reaccionas, es lo que importa»Epicteto.

¡Feliz 2016!

 

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