La historia de Aura y Mor

 

Mor era un hombre dulce, con una sensibilidad inquietante. Su calma era imperturbable, nada ni nadie podía hacerle enfadar. Su aspecto era amigable, de cabellos frondosos y rizados, una mirada profundamente sincera y una sonrisa incomparable con cualquier otra.

Vivía en una pequeña aldea, donde el cielo era de color sonrosado, mientras la tierra se tornaba ahumada en sus laderas, verde en la frondosidad de los árboles y multicolor en el cantar de sus pájaros.

Sus padres le habían dejado en herencia una pequeña casita junto al mar, vivía de lo que pescaba y de lo que cultivaba.

Mor repartía su alegría y generosidad por todas partes, a la aldea llegaban viajantes de otras tierras para observar la belleza multicolor que se expresaba en aquel lugar con cada forma de la naturaleza.

Cuando Mor se cruzaba en su camino con alguna persona la miraba fijamente a los ojos e imaginaba que un rayo hermoso de luz amarilla salía de su cabeza para entrar en la del transeúnte y así, alargarle la vida, llenarle de felicidad y de la más pura y hermosa de las sensaciones. Era algo que le gustaba practicar cada vez más y le hacía sentir una paz inmensa.

Para él los ojos de las personas eran el espejo del alma y enviarles luz era una práctica divina y armoniosa.

Un día se topó en su camino con una mujer de ojos oscuros, bella, de tez delicada… Cuando comenzó a enviarle luz, sintió un escalofrío que recorrió su alma. Ella emitió una sonrisa que para él fue como un remolino de aire fresco en su corazón. ¿Qué había ocurrido? ¿Quizás esa mujer le había enviado también luz? ¿Quién era?

Mor no pudo dejar que se marchara y comenzó a hablar con ella, no tenía nada que perder y seguramente mucho que ganar.

Y así fue, la hermosa mujer llamada Aura encontró en él algo más que un amigo…

Cada día caminaba casi siete kilómetros desde su pueblo para ver a Mor. Cuando estaban juntos todo a su alrededor vibraba al son de la perfección: las horas parecían segundos; las carcajadas, cómplices de sus momentos. Entre ellos reinaba la armonía, parecía como si una fuerza superior les hubiera unido con un lazo inseparable.

Una mañana de tormenta, Aura inició de nuevo su camino en busca de su fiel compañero. La lluvia, abrazada por el viento, esparcía sus gotas sin parar.

Aura se encontró con algunas personas por el camino que apresuraban sus pasos para no mojarse demasiado, pero que al verla, le preguntaban: ¿Dónde vas con esta lluvia? Y ella contestaba: voy a ver a Mor…

Todas ellas se quedaron sorprendidas por aquella respuesta. ¿Qué o quién sería ese AMOR? Mucho tendría que significar para aquella chica, en caso contrario, no recorrería aquel largo tramo bajo la lluvia en busca de él.

Pasaron algunos meses y Aura seguía cada día recorriendo la misma distancia en busca de Mor…

Casi mágicamente se fue corriendo la voz y gran parte de los vecinos de los pueblos contiguos empezaron a utilizar el término AMOR cuando algo les era muy importante.

Todo aquél que se topaba con Aura por el camino o con Mor en la aldea se llenaban de energía, de magia y de luz. Sus vidas estaban repletan de AMOR y más AMOR, con cada acto, con cada gesto, con cada pensamiento…

Mor y Aura llegaron a compartir hasta el final de sus días lo mejor de ellos mismos y al partir de esta experiencia de vida, dejaron en cada ser los regalos más grandes de los que se puede disponer: LUZ y AMOR.

“La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad; sólo la luz puede hacerlo. El odio no puede expulsar al odio; sólo el amor puede hacer eso”.-Martin Luther King.

4 Responses

  1. Muy bonito y muy idealista. Ahí andamos todos, en busca de luz y de amor. Pero para disfrutar de la luz antes hay que conocer la oscuridad. Y para apreciar el amor hay que haber sentido la soledad.

    1. Muy sabio tu comentario Francisco, lo comparto totalmente. Nuestra experiencia en esta vida es dual, por tanto, aceptar la oscuridad y ser consciente de ella nos hará poder elegir el camino de la luz. La luz es más potente que la oscuridad, observar lo que produce una sola cerilla encendida en una habitación oscura es muy significativo.La soledad la experimentamos justamente porque vivimos en esa experiencia dual, pero no existe como tal, cuando somos conscientes de que somos parte del TODO, ya no nos sentimos solos.Un abrazo

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